Desocupado Marciano:

Con estas razones, claro, yo perdía el juicio, y desvelábame por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mismo Aristóteles, si resucitara para sólo ello.
En resolución, me enfrasqué tanto en la lectura, que se me pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer majaderías se me secó el cerebro, de manera que vine a perder el juicio. Llenóseme la fantasía de todo aquello que leía en la propaganda electoral, así de encantamientos laborales, como de pendencias sectarias, batallas dogmáticas, desafíos reformistas, heridas económicas, requiebros manipuladores, amores ideológicos, tormentas y disparates prometedores imposibles; y asentóseme de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para mí no había otra historia más cierta en el mundo y, rematado ya mi juicio, vine a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que me pareció convenible y necesario hacerme candidato andante...
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